El mysterium iniquitatis, según San Pablo (2 Tes 2,7) y la interpretación tradicional de la Iglesia, designa la acción progresiva, oculta y organizada del mal en la historia, permitida por la Providencia divina, que prepara la gran apostasía y la manifestación final del Anticristo. No se trata de un simple aumento del pecado, sino de una corrupción doctrinal, religiosa y moral estructurada, de carácter pseudo-religioso, que actúa principalmente desde dentro, por engaño y falsificación del bien.
Este misterio es contenido temporalmente por un freno providencial (katéjon), identificado tradicionalmente con mediaciones históricas queridas por Dios —la autoridad legítima, el orden jerárquico y el principio de autoridad cristiana— cuya retirada, permitida de modo medicinal, provoca una desolación visible sin destruir la Iglesia indefectible, que subsiste en el resto fiel.
La escatología católica distingue entre el “fin de los tiempos” o de las naciones —crisis histórica y eclipse institucional del orden cristiano, con posible restauración providencial penúltima— y el fin del mundo propiamente dicho, que corresponde a la Parusía, la derrota definitiva del Anticristo y el Juicio Final. En este marco se sitúa la tesis montfortiana, que afirma una purificación extrema y una eventual restauración histórica subordinada siempre al triunfo final de Cristo.